Composición química del gas natural


Origen
El gas natural que utilizamos hoy en día para cubrir las necesidades energéticas de nuestra industria, negocios y hogares se originó hace millones de años como resultado de la descomposición de restos de lodo, arena, piedras y materia orgánica animal y vegetal que se fue acumulando de forma gradual en diversas capas de la corteza terrestre, como consecuencia de la presión y el calor de la tierra. Estos sedimentos en descomposición quedaron atrapados entre estratos de rocas porosas, formando lo que hoy conocemos como 'bolsas' de gas.

Composición Química
Aunque su composición varía en función del yacimiento, su principal especie química es el metano al 79 - 97 % (en composición molar o volumétrica), superando comúnmente el 90 - 95 %. Contiene además otros gases como etano (0,1 - 11,4 %), propano (0,1 - 3,7 %), butano (< 0,7 %), nitrógeno (0,5 - 6,5 %), dióxido de carbono (< 1,5 %), impurezas (vapor de agua, derivados del azufre) y trazas de hidrocarburos más pesados, mercaptanos, gases nobles, etc.
De similar composición, el biogás se genera por digestión anaeróbica de desechos orgánicos, destacando los procesos de depuradoras de aguas residuales (estación depuradora de aguas residuales), vertederos, plantas de procesado de residuos y desechos de animales.
Durante la extracción, algunos gases que forman parte de su composición natural son tratados y separados por diferentes motivos, entre otros: por su bajo poder calorífico (p. ej. nitrógeno o dióxido de carbono), porque pueden condensarse en los gasoductos (al tener una baja temperatura de saturación) o porque dificultan el proceso de licuefacción de gases (como el dióxido de carbono, que se solidifica al producir gas natural licuado o GNL).
El propano, butano y otros hidrocarburos más pesados también se separan porque dificultan que la combustión del gas natural sea eficiente y segura. El agua (vapor) se elimina por estos motivos y porque a presiones altas forma hidratos de metano, que obstruyen los gasoductos. Los derivados del azufre son depurados hasta concentraciones muy bajas para evitar la corrosión, formación de olores y emisiones de dióxido de azufre (causante de la lluvia ácida) tras su combustión.

Por último, y por motivos de seguridad, para su uso doméstico se le añaden trazas de mercaptanos (entre ellos el metil-mercaptano, CH4S), que permiten su detección olfativa en caso de fuga.

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