Luego de pasar la mayor parte de su vida en el circo, el oso Toshka, de 25 años, fue entregado a un santuario en Satanov, Ucrania, para recibir “rehabilitación y soporte vital”. Después de llegar, pasó dos semanas desconfiando de los humanos, pero ahora se ve cómodo en su nuevo hogar en donde disfruta del sol y el agua fría para refrescarse.

Toshka pasó la mayor parte de su vida haciendo trucos en el escenario para entretener al público de un circo. Pero en 2020 fue transportado junto con otros tres osos a un santuario donde disfruta de “su retiro”. Ahí, después de pasar por un proceso de adaptación, se grabó un video el 26 de agosto de 2020, donde se le ve sentado tomando el sol.

El oso anciano recibía agua fría de una manguera mientras aprovechaba para abrir el hocico y recibir un poco de vital líquido. De acuerdo a los encargados, ese es su “pasatiempo favorito”. “Toma una posición sentada y está listo para sentarse durante horas”, dijo uno de sus cuidadores al Daily Mail.

Toshka le tenía mucho miedo a la gente: no abandonó los arbustos durante dos semanas. El cuidado y la atención derritieron su corazón.

Toshka parece haber encontrado su verdadero hogar en la naturaleza, donde disfruta como oso fuera de las rejas, los reflectores y el espectáculo. Un poco de agua fría ayudó a su cuerpo con dos gruesas capas de piel a soportar las temperaturas de Ucrania que pueden llegar hasta los 35 grados centígrados.

Los animales salvajes no pertenecen a los circos. Muchas asociaciones y organizaciones han luchado por los derechos de los animales y se plantan en contra de la explotación y maltrato que reciben en los circos. En muchas ocasiones, los animales terminan recluidos toda su vida en pequeñas jaulas con condiciones precarias que reducen su esperanza de vida.

En 2018, se registró un hecho trágico en Olkhovka, Rusia, donde un oso de circo atacó a sus cuidadores en medio del espectáculo. Según Mirror, el oso se veía irritado mientras hacía trucos como deslizarse en una patineta por una rampa. Al resistirse a hacer el acto, los domadores comenzaron a golpearlo con un palo, por lo que el animal explotó contra uno de sus cuidadores. Aunque quisieron sostenerlo de la correa, la fuerza de la fiera fue mayor.

Afortunadamente, el acto no pasó a mayores. Por desgracia, no es el único caso de animales de circo que se rebelan contra sus domadores en busca de tranquilidad o por una simple defensa a los “métodos de adiestramiento”.

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