Los ‘Cabarets del Más Allá’ fueron la triada original de lugares parisinos para pasar una noche de ultratumba, cuando Montmartre no era un barrio lujoso.

La colina de Montmartre, al lado derecho del Río Sena, no siempre estuvo en la cumbre del glamour parisino. Si bien es cierto que hoy se encuentran cafés en un promedio de 30 euros por persona, hacia finales del siglo XIX el barrio tenía un aire más bohemio, de vida de calle. Ahí, los artistas plásticos traían nuevas inspiraciones de oriente, al tiempo que personas de trabajo buscaban espacios para escindirse de la cotidianidad.

Por ello, los primeros cabarets parisinos pretendían ser espacios de excepción de la realidad. Ambientados con luces azules, escenografía fantástica y esculturas grotescas, querían que el umbral de entrada marcara un antes y un después: mundos diferentes, donde la lógica estricta de la calle no valía para nada. En el centro de esta escena caótica, estaban dos lugares hermanos: el Cabaret du Ciel y el Cabaret de l’Enfer.

Gemelos opuestos

cabarets parisinos
Fotografía: Wikimedia Commons

Para llegar al Cabaret du Ciel y al Cabaret de l’Enfer, había que seguir un camino empedrado. En medio de la calle, pegados uno contra el otro, se encontraban ambos lugares. Uno contaba un portón que aludía a las puertas del Paraíso. El otro, en contraste, en lugar de un marco de madera para la puerta, tenía las fauces de un demonio enfurecido, recibiendo a la clientela.

Ambos edificios contrastaban por ser ‘gemelos opuestos’. Mientras el Cabaret du Ciel tenía formas pulcras, que mezclaban el Art déco con la arquitectura típica de París, el Cabaret de l’Enfer tenía una fachada plagada con estalactitas falsas, desde las que colgaban esculturas de almas en pena y espíritus malignos. Ése era el encanto de Montmartre en la década de 1890.

Así describe el fenómeno la historiadora Amelia Sloth para JStor:

“El cielo y el infierno contiguos pueden resultar extraños desde el punto de vista de la teología, pero desde el punto de vista empresarial era sólido: ¿quién podría resistirse a visitar ambos? Como comentó el escritor Jules Claretie, pusieron “el poema de Dante a poca distancia”.

Por este esfuerzo particular en decorar ambos lugares con escenografía tan pesada, se piensa que estos son los primeros ejemplos de restaurantes temáticos, así como los primeros cabarets parisinos. En las noches, se ofrecían shows de cancán, y litros de alcohol para fiestas que terminaban al claro de la mañana siguiente. El gancho, sin embargo, siempre estuvo en la decoración de la fachada.

Te sugerimos: Más allá del color de piel: Mariana Yampolsky y sus fotografías del México ‘invisible’

Celestial, macabro y vacío

cabarets parisinos
Fotografía: Wikimedia Commons

Muy pronto, el Cabaret du Ciel y el Cabaret de l’Enfer se volvieron famosos en todo Europa. Albergaban a tantas personas, que el dueño abrió un tercer espacio a unas pocas cuadras, al que nombraron ‘Cabaret de la nada’, o ‘Cabaret del Vacío’. En conjunto, se llamaban los ‘Cabarets del Más Allá‘. Soth describe al fundador de estos cabarets parisinos como “un Walt Disney macabro y metafísico“.

Para ir a cualquiera de estos espacios, había una etiqueta diferente según la temática de la noche. A veces, los invitados tenían que ir vestidos de “macchabees”, que en la jerga parisina callejera, quería decir los cadáveres que eran exhumados del Río Sena. Como regla general, sin embargo, los meseros se disfrazaban de portadores de féretro.

De una manera poco vista en Europa hasta entonces, los tres cabarets parisinos celebraban la muerte desde diferentes perspectivas: el acceso al Cielo, el castigo del fuego eterno, y la experiencia de la nada absoluta. El punto, sin embargo, no era que los visitantes se sintieran tranquilos. Por el contrario, las esculturas grotescas y los meseros disfrazados obligaban a la gente a salirse de su realidad rígida para perder el control y la vergüenza.

Bienvenidos al Paraíso (de cabarets parisinos)

Por ello, en lugar de mesas para cenar había ataúdes, y en vez de bebidas alcohólicas, había ‘muestras de cólera asiática’. Una vez entrada la noche, números de monólogos sobre los horrores de la muerte y shows de cómicos dominaban el escenario. Conforme avanzaba la velada, los visitantes tenían que seguir los performances a diferentes salas de los cabarets.

Para recibir a los visitantes, siempre había una persona sentada ante un órgano descompuesto de alguna iglesia parisina, que el dueño se apropió para ambientar sus negocios. El recorrido empezaba en diferentes lugares, según la agenda del día. Sin embargo, quien asistiera a alguno de los cabarets forzosamente tenía que visitar el otro, porque las experiencias de la noche y la oscuridad lo llevaban inevitablemente ‘al otro lado’.

Al terminar la noche, los visitantes podían visitar el Paraíso para convertirse en compañeros de Dios. El performance finalizaba con mujeres vestidas de ángeles, que lanzaban ‘agua bendita’ sobre las cabezas de los presentes, dándoles bienvenida a las huestes celestiales. Y sí, la cursilería era intencional, y estaba pensada como una sátira de la simbología católica.

El éxito de los ‘Cabarets del Más Allá’ fue tal, que gente rica empezó a visitar Montmartre —aunque no era un barrio lujoso. Fue así como la zona empezó a gentrificarse, y las personas —artistas, obreros, músicos con pocos ingresos— que originalmente visitaban los tres espacios dejaron de ir. Con rentas cada vez más caras y otros cabarets parisinos ‘de perfil alto’, la zona se volvió demasiado cara, y muchos de los negocios que habían ahí dejaron de existir.

Sigue leyendo:

José Joaquín Pérez Budar: el sacerdote que fundó su propia Iglesia en México en contra del Papa

No, los mexicas no creyeron que los españoles fueran dioses

La entrada Cadáveres y demonios de ultratumba: así eran los primeros cabarets parisinos se publicó primero en Muy Interesante.

Looks like you have blocked notifications!