Son días de alegría y emoción en el estanco de Mariángeles. El sorteo de la Bonoloto del pasado lunes por la noche repartió 1,2 millones de euros a un boleto emitido en su local. Casi nada. Al día siguiente se mezcló en el estanco una sensación de alegría con misterio. ¿Quién será la persona premiada? “Cuando no sabíamos quién era nos decían que no veríamos al premiado en la vida”, asegura Mariángeles, la dueña del estanco, al otro lado del teléfono.

La sorpresa fue mayúscula cuando descubrieron que la persona premiada con semejante fortuna era la mujer que pedía limosna a las puertas del supermercado de enfrente. “¡Me habéis solucionado la vida!”, gritó la premiada cuando fue a recoger el premio al estanco ubicado en el número 70 de la avenida de Orihuela, en Alicante.

Casualidades de la vida, la llamada de EL ESPAÑOL coincide con una visita de la premiada al local. “Acaba de entrar la afortunada a saludarnos y a besarnos otra vez. Viene todos los días”, afirma la dueña. Así pues, la pregunta es obligada. ¿Sería posible hablar con ella? Mariángeles prueba suerte:

—Oye, ¿quieres hablar con el periódico?

—¡No, no, no! – se oye que exclama la premiada, que prefiere permanecer en el anonimato. Así sea.

“Para ella ha sido muy emocionante. Sigue haciendo lo de siempre, lo que hacía todos los días”. Todo, menos mendigar, claro. Por el momento, esta vecina no ha confesado lo que hará con su recién ganada fortuna. “Tiene hijos, así que me imagino que repartirá”, explica la estanquera.


Mariángeles Torregrosa y su hija Desirée Agorreta, dueñas del estanco que ha repartido el cuantioso premio.

Cedida

Mariángeles Torregrosa y su hija Desirée Agorreta son las encargadas del estanco que ha repartido este dineral. “Habíamos dado 36.000 euros, pero nunca habíamos dado un premio así. Estamos muy contentas porque yo soy la quinta generación que lleva el negocio y mi hija, que trabaja con nosotros, es la sexta. ¡Y todas mujeres!”.

La noticia llegó el lunes por la noche: “Estábamos en casa y nos llamaron a las 22.40 horas para decirnos que habíamos vendido el primer premio de la Bonoloto y de la emoción casi me caigo por el pasillo”, recuerda Mariángeles.

Al día siguiente supo que la premiada era esta vecina conocida por todos. Desde hacía años su rutina era la misma. Llegaba pronto al supermercado de enfrente y se pasaba la mañana pidiendo limosna. Sobre las dos de la tarde, llegaba al estanco para comprar lotería. “Siempre se llevaba Bonoloto y Primitiva, Euromillón no porque era muy caro”.

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