Hoy es un Superama, pero hace 40 años esa construcción tenía forma de castillo. La de un palacio similar al del logotipo de Disney mostrado cuando empieza una de sus películas. Ahora en donde estuvo el cine Continental de la Ciudad de México, desde hace unos cuantos años hay un supermercado.

Ese cambio fue el final de una historia y el comienzo de otra. ¿Es esta pandemia el principio del fin de los cines? ¿“The end”?

Ahora las palomitas de Cinemex o de Cinépolis sí compiten con las que ofrecen los parques de diversiones de esa compañía californiana en Anaheim o en Orlando, Florida.

En los ochenta, las palomitas del Continental sabían a cartón con sal y las ofrecían en bolsas de papel blanco que frecuentemente terminaba empapado en una mezcla de grasa comestible con sudor de una mano infantil nerviosa ante la famosa escena de los caballos perseguidos que regresaban a su condición de ratones, en La Cenicienta.

Perder los cines significaría más que despedir la magia que inicia al apagar las luces… Está también el riesgo de un adiós al olor ambiental a mantequilla caliente. Pero las señales avisan de una tragedia:

Esta semana, un artículo de Bloomberg reveló que Cinemex –la segunda cadena de cines más grande de México– cerrará más de 140 cines indefinidamente y trabaja con los bancos para reestructurar al menos 230 millones de dólares en deuda. Propiedad de la familia que controla las minas de Grupo México, este corporativo trata de completar un acuerdo con bancos como BBVA, HSBC, Banco Santander y Bank of Nova Scotia, de acuerdo con la investigación.

Días antes, también Bloomberg divulgó que Cinépolis, la cadena de salas de cine más grande del país y que tiene teatros hasta en India, busca reestructurar más de mil millones de dólares en créditos. El equipo dirigido por Alejandro Ramírez contrató a Lazard para iniciar conversaciones con representantes de una lista similar de grupos financieros, entidades como BBVA, HSBC, Banco Santander y Bancomext.

En 2009, durante la crisis iniciada por la quiebra de Lehman Brothers, un joven Ramírez me advirtió que sus cines no se verían afectados por aquella circunstancia, pues cuando no hay suficiente dinero en casa, la gente suele cambiar las vacaciones por paseos que incluyen ir a ver una película en una de sus salas. En ese momento nadie pudo anticipar el efecto de una crisis económica sumada a una de salud, como la presente.

Los cines se vaciaron en 2020, pero eso no significa que el problema haya comenzado el año pasado. Desde 2017 inició un estancamiento en el número de boletos vendidos en México.

La estadística de Canacine revela que ese año fueron vendidas 348 millones de entradas, número que bajó a 332 millones en 2018 y apenas pudo subir a 350 millones en 2019. Un año después, esa cifra se desplomó a un volumen de apenas 62 millones de boletos.

Sería factible que una vez que acabe la pandemia, los buenos números puedan regresar. Sí, es posible, pero ahora hay dos elementos adicionales en contra de la taquilla.

Uno definitivamente es Disney. Esta empresa dirigida por Bob Chapek se había apropiado de las carteleras mexicanas antes del COVID-19.

Avengers Endgame; Toy Story 4 y El Rey León obtuvieron los tres lugares del podio de las películas más vistas en 2019. El último año de asistencia “normal” al cine. De las filmaciones más vistas ese año, solo tres producciones no pertenecen al corporativo basado en Burbank, California, de acuerdo con los datos de Canacine.

Curiosamente, en el mal año de 2020, solo Unidos, una de sus películas, se ubicó en el Top 10 de los cines mexicanos. Fue el mismo año en el que esta compañía se reservó un arsenal de producciones de los Jedi, para lanzar Disney+, el servicio que le hizo frente a Netflix y Amazon Prime. Su éxito fue brutal.

Documentos de la compañía indican que para 2024 esperaban superar 60 millones de suscriptores en su catálogo de películas y series. El 2 de diciembre de 2020 ya habían superado los 86 millones de afiliados a sus servicios. ¿Qué tal si ya no quieren producir para las salas cinematográficas? ¿Querrán compartir lo que pueden quedarse para ellos, sumando suscriptores con solo ofrecer estrenos en su Disney+?

El otro factor en contra es el aparato que ustedes cargan en la mano y que empuja una tendencia mundial. Las redes sociales aumentan su atractivo al ritmo que reducen el tiempo disponible de la gente para otras distracciones.

En Estados Unidos, AMC Entertainment Holdings arrastra pérdidas en sus operaciones desde 2019 y hasta entonces sus acciones habían perdido dos tercios de su valor en un trienio.

En cinco años contados hasta el viernes, acumulan ya una baja de 75 por ciento. En el mismo lapso, las de Disney duplicaron su valor. Sí peligra el olor a palomitas.

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