Les tenemos una propuesta de resolución para este año que acaba de comenzar: adoptar a un animal que necesite un hogar. No se trata de una decisión sencilla. De hecho, precisamente porque muchas personas no se la toman en serio es que nos vemos obligados a unirnos a quienes prendieron las alarmas. Diciembre y enero son meses brutales para el abandono animal, pues siguen siendo vistos como regalos que, después de unas semanas, son desechados por requerir cuidados, tiempo y una inversión de recursos considerable. Entonces, la solución de muchos colombianos es dejarlos en las calles. Por eso, es momento de apostarle a la solidaridad y abrir las puertas de nuestros hogares para esos compañeros que lo necesitan.

Las cifras son preocupantes: al año, se estima que medio millón de animales de compañía son abandonados. Esta situación se ha visto empeorada por la pandemia y los desastres naturales. A mediados del año pasado, la Gobernación de Cundinamarca alertó que encontró a 12.430 mascotas abandonadas, lo que la llevó a declarar emergencia sanitaria. Nicolás García, el gobernador, dijo que “otra de las tristes noticias que nos ha dejado esta pandemia, y la difícil situación económica en la que nos encontramos por cuenta de ella, es el aumento en el abandono de los animales de compañía”.

Algo similar ocurrió en San Andrés y Providencia. Tras el devastador paso del huracán Iota, más de 15.000 perros y gatos fueron abandonados o quedaron sin hogar. En Noticias Uno, Leidy Guerra Montoya, directora de la fundación Ángeles con Patas, explicó que “mucha gente se fue y los animales quedaron desamparados, caminando desorientados. Están por toda la isla”.

Estamos ante una crisis enorme a la que no se le presta suficiente atención. Durante mucho tiempo, los colombianos hemos tenido una relación inadecuada con los animales, especialmente los de compañía. Todavía hay quienes los ven como objetos, algo para regalar en Navidad sin tener muchas consideraciones y luego dejar en las calles ante la primera incomodidad. Pero la realidad es que se trata de seres que sienten y merecen nuestro respeto. Traerlos a nuestros hogares es invitarlos a una relación de cuidado, donde ellos nos aportan así como nosotros les garantizamos un ambiente seguro. Eso implica costos, por supuesto; pero es una de las maravillas de compartir con ellos la Tierra y nuestra existencia.

Otra ventaja de adoptar es que ayudamos a combatir el negocio de cría indiscriminada de animales. La explotación y el abuso han sido permitidos por quienes pagan precios exorbitantes por tener en sus casas ciertas razas de perros y gatos.

Como sabemos que no es posible para todos adoptar un animal, hay otras formas de ayudar. Hay innumerables fundaciones en todo el país que necesitan voluntarios o donaciones de comida, camas e insumos para su labor de rescatistas. Esta semana, la Policía de Bogotá le donó cincuenta camas a la Fundación San Roque. Deberíamos seguir ese ejemplo. Hagamos de este mundo un lugar mucho menos hostil para todos los seres que lo habitamos.

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