¿Conviene que en la hoja de vida científica -el famoso CVLAC- las mujeres digan que son mamás? La propuesta de un grupo de científicas abre el debate sobre maternar y hacer ciencia en un país que no apoya ninguna de las dos elecciones.

En Colombia no hay datos sobre cuántas mujeres hacen ciencia y además son madres. Tampoco sobre cuántas horas de investigación dedica una mujer científica al laboratorio, o sobre cuánto dedica un colega hombre con igual carga de responsabilidades en el laboratorio a las tareas del hogar. En realidad, nadie se ha ocupado de saber qué implica elegir ser madre para una mujer que también elige la ciencia como camino de vida.

O mejor dicho, casi nadie. Desde hace un tiempo el colectivo de madres y científicas Parent in Science viene planteándose este asunto, y por eso el pasado 11 de febrero, Día Internacional de Niñas y Mujeres en la Ciencia, lanzaron una propuesta: que en el CVLAC (la hoja de vida pública de las personas que hacen ciencia en Colombia) incluya un apartado que diga si esa persona es madre o padre, de cuántos hijos, y si alguno de ellos tiene necesidades especiales.

Según Lina Caballero, doctora en genética y biología molecular, mamá de una niña y coordinadora de Parent In Science Colombia, incluir si una mujer es madre impulsaría el apoyo institucional para las mujeres que requieren dividirse entre la carga de la maternidad y la carrera. “La idea es que los evaluadores de la productividad científica sepan que esos seis meses o un año en donde la investigadora no tiene artículos publicados o no daba clases tiene una justificación, y es que se fue a licencia de maternidad. La situación actual es injusta, porque a la hora de asignar becas no se tienen en cuenta los tiempos de maternidad y, como la carga del cuidado está mayoritariamente sobre las mujeres, no hay oportunidades iguales que con los colegas hombres”.

Ana María Aldana, bióloga y PhD en ecología, que tuvo a sus dos hijos mientras cursaba sus estudios, opina que la maternidad es vida personal y no debería estar en el CVLAC público, “pero sí debería ser tenido en cuenta que la productividad disminuye durante los primeros años del bebé. Estas medidas deben ser transitorias, pero lo que debería pasar es que cambiara la cultura, que no seamos las mujeres quienes carguemos la responsabilidad de los niños y que no se piense que una mujer que es madre no le va a dedicar el tiempo suficiente a la investigación, entonces no la contrato”.

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La idea original es tomada del movimiento de mujeres científicas de Brasil. En 2017, las brasileñas hicieron el primer simposio de mujeres científicas, al que asistieron 1.182 investigadoras, de las cuales 921 eran madres. Allí hicieron una encuesta que determinó que la maternidad tuvo un efecto negativo en el 59 % de las asistentes. La encuesta también demostró que la carga de cuidado estaba sobre sus hombros, dado que la mitad de las asistentes –el 51 %– dijo ser la única responsable de la crianza de los hijos.

Con esto en mente, un grupo de madres del proyecto Parent in Science Brasil se movió para transformar la plataforma Lattes (el equivalente al CVLAC) y la solicitud fue concedida por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico.

Desde marzo de 2019 se anunció que se incluiría la maternidad y la paternidad en el currículo de investigadores. Así, a la hora de aplicar a una beca de maestría o doctorado, los institutos de investigación no van a medir la productividad de las personas con hijos igual que la de quienes no los tienen, y madres y padres tienen siete años -y no cinco- para terminar sus investigaciones.

Hay otras experiencias que recoge la revista “Pesquisa” de Brasil. La National Science Foundation (Estados Unidos) ofrece financiación complementaria de US$12.000 para los primeros tres meses posparto de becarias de posgrado en ciencia, tecnología y matemáticas, y el Instituto Max Planck (Alemania) tiene ayudas mensuales de 400 euros para gastos de hogar y cuidado de niños para estudiantes de posgrado en ciencias naturales y medicina.

En Inglaterra, el Imperial College de Londres tiene una beca para investigadores que regresan al trabajo después del parto o la adopción, eximiéndolos hasta por 12 meses de impartir clases o lidiar con asuntos administrativos, para que puedan concentrarse en su investigación. En Argentina, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) amplía el límite de edad de los candidatos a becas de posgrado en un año por cada uno de sus hijos. Una de las críticas es sobre la más reciente convocatoria de Minciencias para el reconocimiento y medición de grupos de investigación y el reconocimiento de investigadores del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Funciona así: la mayoría de indicadores de producción científica en Colombia se evalúan por ventanas de años. Si una investigadora quiere ser clasificada como “júnior” o “sénior”, y acceder a más recursos, debe demostrar una producción científica constante de por lo menos cinco años. Esto incluye artículos científicos, clases, proyectos de investigación, entre otros. Este escalafón se renueva cada dos o tres años.

Sin embargo, los datos que recogieron las investigadoras de Brasil muestran que la carrera de una científica recién parida no se ralentiza solo durante los seis meses que dura la licencia de maternidad legal, sino que puede tardarse hasta cuatro años para retomar el ritmo necesario para subir de escalafón. Por otro lado, los indicadores que miden la permanencia en grupos de investigación no tienen en cuenta las razones por las que una persona se sale del grupo, como por ejemplo, haber tenido un hijo.

“Hay otra cosa: para acceder a los créditos condonables en Colombia hay límites de edad. Son muchas las que me han dicho que quieren aplicar y no pueden porque tienen algunos años de más, y claramente se atrasaron en sus carreras por ser mamás. O sea que no pueden acceder ni a crédito beca al igual que los hombres porque son viejas”, agrega Corredor. Para el año 2009 a 2018, el OCYT encontró que a pesar de que Colciencias apoya más a jóvenes investigadoras, solo el 37 % de investigadores sénior en Colombia son mujeres. ¿Por qué tan pocas investigadoras en puestos altos relacionados con ciencia?

Este es apenas un asomo a la situación de las mujeres científicas y madres en Colombia, pero esta desigualdad no es exclusiva de las investigadoras que tienen un privilegio económico y educativo que sobrepasa el de la mayoría de mujeres colombianas que son madres. A lo mejor está bueno preguntarnos, si la maternidad es así para mujeres con privilegios, ¿cómo es para las que no los tienen?

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