Su trayectoria profesional ha estado siempre vinculada al mundo del arte. Pasó por la fotografía y, ahora, se encuentra inmerso en la producción musical a través de la preparación del que será su primer álbum. Sin embargo, el gran proyecto de vida de Manel de Aguas, de 25 años, ha sido el que él mismo denomina como ‘Proyecto Cíborg’. “Me dediqué a él durante varios años y es el proyecto en el que me he convertido. Lo vivo en mi día a día”, cuenta a EL ESPAÑOL.

Este joven, nacido en Barcelona, se define como una persona transespecie. Un término muy novedoso — y también desconocido para muchos — que hace referencia a aquellas personas que, o bien no se identifican al 100% con la especie humana, o que se identifican con otras especies. Él mismo se dio cuenta de ello en el momento en el que comenzó a entender el que considera “su nuevo órgano” como una parte más de su definición. Se trata de las dos aletas que lleva implantadas en el cerebro a través de las cuales asegura que puede escuchar el tiempo.

“Escucho la humedad, la presión atmosférica y la temperatura. Es un órgano que me permite la exploración de la atmósfera a través del sonido y un conocimiento del entorno a través de un órgano cibernético”, cuenta. Para Manel, las aletas suponen una conexión extra de su entorno. De hecho, tal y como asegura en conversación con este periódico, fue gracias a las aletas cómo se replanteó su identidad y comenzó a conectar con la naturaleza y otras especies. “Va acompañado de rentenderte contigo mismo”, señala.


Fotografía del Instagram de Manel de Aguas.

Manel de Aguas

Para someterse a la intervención por las que le implantaron las aletas, Manel se vio obligado a dejar atrás España y viajar hasta Japón. “Los profesionales con los que estuve en contacto en Barcelona se negaban a tomar el riesgo de cómo podía afectar a mi cuerpo y a su reputación”. Por ello, aunque ya lo tenía organizado previamente, viajó hasta el país asiático para implantar el que sería su nuevo órgano. “Allí eran pioneros en la modificación corporal, por ejemplo en implantes de cuernos de silicona o particiones de lengua. Le expliqué el proyecto y decidió hacer el implante. Es simple, es un metal entre la piel y el hueso y no requiere una cirugía compleja”, cuenta a este medio.

Aunque parezca difícil entenderlo, él explica con completa normalidad cómo las aletas le ayudan a conformar su identidad. “Soy una persona con aletas y con un sentido sensorial del entorno que la especie humana en sí no tiene. Yo me defino transespecie porque siento que mi persona no encaja con la definición de humano”, explica.

Sin embargo, los implantes le han supuesto muchos “quebraderos de cabeza” en su rutina diaria. Tal y como cuenta, la implantación de tecnología en el cuerpo humano para fines no destinados a cubrir una falta de salud, como sería el caso de un marcapasos, no está a día de hoy aceptado por los comités médicos. “Es una de las dificultades que pasamos las personas cíborg. No hay una estructura que te proteja o te ayude a pasar por esta transición”, asevera.

Además, Manel ha tenido que hacer frente también a episodios de discriminación laboral. “A la hora de buscar trabajo la gente no te acepta”, asegura. En su época como empleado de un museo, el barcelonés decidió, por motivos de precariedad, desinstalar sus aletas cuando acudía a su puesto de trabajo. Sin embargo, su decisión duró poco y el joven decidió ir a trabajar con las aletas puestas. “Era parte de mi integridad, pero me echaron por eso”, cuenta.


Una fotografía del Instagram de Manel de Aguas.

Manel de Aguas

Su día a día se complica, sobre todo en los procedimientos burocráticos. Dentro de poco, Manel tiene que renovar el DNI y sabe de antemano que será un problema más. “No puedes aparecer con aparatos electrónicos, aunque esto no es un aparato electrónico. Es un órgano. Son cosas con las que tienes que combatir porque se sale de lo establecido”, denuncia. Sin embargo, sí ha sentido siempre el respaldo de su entorno más cercano. Aunque asegura que al principio le hacían muchas preguntas, cuenta orgulloso que sus familiares y amigos siempre le han entendido y apoyado. 

Transespecies Society, en Barcelona

En el año 2017, tiempo después de la creación de la Fundación Cíborg, Manel, junto con la ayuda de los artistas Neil Harbisson y Moon Ribas, decidió crear ‘Transespecies Society’. Bajo ese nombre, esta asociación con sede en Barcelona nació con la necesidad de crear un organismo que no solo se centrara en ayudar a identidades cíborg, sino también a otros tipos de identidades transespecies que no se identificaban al 100% con lo humano. “Ya no está tan activa porque estamos haciendo proyectos personales, pero en su momento, en su máximo exponente, nos reuníamos y creabamos órganos en comunidad con diseñadores, médicos, artistas e ingenieros electrónicos”, explica. De hecho, la repercusión por dar voz a personas con identidades no-humanas llegó a congregar hasta 200 personas.

La mayoría de estas personas se identifican normalmente con especies animales existentes, aunque en algunos casos llegaban a identificarse con seres extraterrestres. “Al final es entender que la identidad humana es algo que se nos ha dado y que no se cuestiona. La gente asocia lo inhumano con algo que no es bueno y hay muchas formas de entenderse. Necesitamos un espacio seguro para hablar de esto. La identidad propia no hace daño a nadie”, defiende el joven.


Una fotografía de Instagram de Manel de Aguas.

Manel de Aguas

La polémica de ‘Cebri’

Sin embargo, Manel no es el único transespecie reconocido de forma abierta en nuestro país. Hace unos días, una joven desató la polémica en redes sociales tras publicar un vídeo donde aseguraba ser una cebra. Bajo el nombre de ‘Cebri’, la española denunciaba haber sufrido discriminación al no ser bien recibida en un refugio de animales. Tal y como cuenta en el vídeo, todo comenzó cuando se le acabó su contrato de alquiler y decidió acudir a un refugio de animales para solicitar asilo. “Me dijeron que no. Que los animales que estaban ahí tenían miedo de mi. Me pareció bastante especista y una falta de respeto porque, tal y como podéis comprobar, soy una cebra”, enunciaba la joven.

Para ella. su identidad y la del resto de transespecies no es un debate y lamenta que, en pleno siglo XXI, a las personas que no es identifican 100% con el género humano no se les reconozcan sus derechos. Por ello y tal y como afirma en varias ocasiones el vídeo, solicita a la sociedad que se le respete como al resto de cebras y que le permitan convivir con ellas. “No me voy a rendir ante la violencia especiota”, afirma de forma contundente.

Pero además de su episodio de discriminación en el refugio de animales, la joven critica y lamenta haber tenido que vivir otro tipo de situaciones, como la acontecida en una visita a un zoológico donde, para su sorpresa, le cobraron entrada como si fuera un ser humano. “Mi lugar era estar dentro con las demás ejemplares de mi especie, posando para que me hicieran fotos”, apuntaba.

A aquellos que no la entienden les define como retrógrados e ignorantes y les pide que se revisen “ese discurso tan fascista” que tienen en su imaginario. Este periódico ha intentado ponerse en contacto con la joven, pero no ha recibido ningún tipo de respuesta.


Una persona transespecie que se identifica con un perro dálmata.

Channel 4

Desconocimiento en los psicólogos

En el mundo, las personas transespecie existen. Desde el estadounidense que se identifica con un dálmata, hasta el español que se siente cerca de un espíritu de aspecto de ángel con tres alas. Tal y como explica Manel, “hay gente que nace sintiéndose humana o que se identifica con otras especies”. Por ello, los más inexpertos en la matería podrían llegar a vincular el término transespecie con el de transexual, en relación a la idea de que su identidad de género no concuerde con su sexo.

Hasta hace apenas unos años, la OMS (Organización Mundial de la Salud) no había eliminado todavía el término transexual de la lista de trastornos mentales y de comportamiento. Uno hecho que se convirtió en un gran avance para la comunidad LGTBI que, aunque continúan cada día la lucha por conseguir que sus derechos sean reconocidos, todavía deben hacer frente a día de hoy a situaciones de discriminación y odio.

A pesar de que no se puede realizar una comparativa directa con este término, lo cierto es que el futuro de los transespecies permanece en el aire. Quién sabe si dentro de unos años podrían llegar a ser reconocidos por la sociedad como tal. Pero por el momento, no existe ningún estudio que haya arrojado resultados claros sobre este tipo de concepción de las personas. De hecho, EL ESPAÑOL, se ha puesto en contacto con una decena de psicólogos y ninguno ha sabido dar una respuesta clara en relación a la temática por motivos de desconocimiento en la materia. 

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