Diana Carreño Mayorga, de 27 años, denunció en redes sociales que un hombre de 70 años la golpeó con una botella después de acosarla en Bucaramanga. En entrevista con este diario, la mujer habla sobre el acoso callejero, el espacio público y las afectaciones psicológicas que generan estos casos.

Diana Carreño Mayorga es estudiante de décimo semestre de psicología de la Pontificia Universidad Bolivariana de Bucaramanga. La semana pasada, a través de su cuenta de Instagram, denunció la agresión de la que fue víctima en una tienda en Bucaramanga. Según su relato, ella y una amiga se encontraban conversando en el establecimiento público, cuando dos hombres, entre ellos José Alejandro Delgado Ortiz, llegaron al lugar en estado de alicoramiento y las empezaron a acosar con comentarios y gestos obscenos. Carreño le pidió a Delgado que las respetara y, en respuesta, él partió una botella de vidrio en su rostro. (¿Todos los piropos son acoso callejero? ¿Sirve prohibirlos?)

El acoso callejero es un tipo de violencia que preocupa en todos los países y está en la agenda de los organismos internacionales, como la Organización de Nacionales unidas y la Organización Mundial de la Salud, en materia de equidad de género. Y Colombia no es ajeno a esta problemática. Aunque hay pocas cifras sobre el tema, se sabe, por ejemplo, que en Bogotá el 83,9% de las mujeres se siente muy insegura o insegura usando TransMilenio y el 38,4% de las mujeres ha decidido no tomarlo por temor a sufrir algún tipo de violencia sexual. En Medellín, por su parte, las adolescentes son las que sufren con mayor frecuencia alguna forma de acoso sexual y, por lo general, sucede en la esquina de sus casas. (Fiscalía abrió investigación a hombre que golpeó a una mujer con una botella en Bucaramanga)

Este panorama no es exclusivo de Colombia. Según la congresista Katerine Miranda, en Lima (Perú) 9 de cada 10 mujeres entre 18 y 29 años han sido víctimas de acoso callejero (2013), en Bogotá y Ciudad de México 6 de cada 10 mujeres ha vivido alguna agresión sexual en el transporte público (2014), y en el caso de Chile 5 de cada 10 mujeres entre 20 y 29 años declaran haber vivido acoso sexual callejero (2015). Por eso, algunos países de la región han decidido expedir leyes para castigar y tipificar de manera independiente el acoso callejero. Tal es el caso de Argentina, Chile y Perú. (La pandemia hizo más evidente el patriarcado en Colombia)

En Bogotá, por ejemplo, está la iniciativa Atrévete Bogota Hollaback, que hace parte de de Hollaback internacional, una organización que lucha contra el acoso. Nathalie Murcia, su coordinadora, afirma que constantemente recogen testimonios de mujeres acosadas en las calles y han identificado que es importante enseñarle a la gente que presencia esas situaciones cómo reaccionar, porque no deberían ser simples espectadores como sucedió en el caso de Diana Carreño. “La gente se puede involucrar para prevenir esta serie de práctica y por eso adelantamos talleres para enseñar”, agregó Murcia.

El caso de Diana Carreño Mayorga puso nuevamente a discusión una realidad que viven a diario las mujeres en el espacio público. El Espectador conversó con ella sobre su recuperación física y psicológica, el caso penal y las reacciones que ha desencadenado su denuncia.

¿Cómo va su recuperación física y psicológica después de la agresión?

A mí me dieron 20 días de incapacidad médica. La cortada es grandísima, me cogieron diez puntos externos y tres internos. El viernes me los quitaron y por ahora parece que no hay necesidad de hacer cirugía plástica, gracias al trabajo del primer doctor que me atendió en urgencias. Pero no sabemos cómo va a quedar la cicatriz hasta dentro de un año. En ese momento sabremos si hay necesidad de hacer injerto o sesiones láser. En el transcurso de ese tiempo debo ponerme unas tiras de silicona que tienen cicatrizante y someterme a unos masajes.

A nivel psicológico he tenido que sacar todas las estrategias y herramientas que he venido aprendiendo en la carrera de psicología, porque he tenido molestias emocionales debido a este estrés post trauma. He meditado, me levanto todos los días a estirar mi cuerpo, salgo al balcón a tomar aire fresco (aunque no me puede pegar el sol), leo un rato, veo películas y uno que otro amigo viene a visitarme. Trabajo todo el tiempo en mi tranquilidad interna.

Desde su visión como psicóloga, ¿cuáles considera que son las afectaciones para una víctima acoso?

Sufrir acoso callejero es un evento traumático que puede desencadenar todo tipo de reacciones, desde ansiedad, depresión y desilusión. Cuando me pasó esto solo me preguntaba por qué la vida había permitido que lo sufriera si siempre había evitado las riñas. Los primeros dos días después de la agresión me sentía muy mal y no quería hablar sobre lo que me pasó, pero luego me enteré de que mi agresor quedó libre y con el apoyo de mi hermano decidí denunciar públicamente mi caso, para que se hiciera viral, porque sé lo que implica esperar uno o dos años hasta que la justicia por fin actúe. Yo invito a las mujeres que han sido víctimas de acoso callejero a que no sientan culpa tras ser agredidas. Esa es la táctica de los agresores y maltratadores, manipular y culpar a las mujeres de las violencias.

Yo prefiero ahora concentrarme en lo positivo, en mi recuperación, en finalizar mis estudios y en que a raíz de esto pueda ayudar a otras mujeres. Pese a que también me da muy duro ver la herida en mi rostro, pues mi cara y mi cuerpo siempre han sido mi templo y siempre me he cuidado mucho.

¿Qué ha pasado judicialmente con José Alejandro Delgado Ortiz, el hombre al que usted denunció como su agresor?

Él fue detenido por la Policía apenas ocurrió el hecho, pero a las 36 horas quedó en libertad. La Fiscalía está recolectando pruebas para adelantar la imputación de cargos. Sé que han tomado testimonios, entre los que están el mío y el de un testigo. Además, investigadores visitaron la tienda donde ocurrieron los hechos. Yo no he tenido ningún contacto con mi agresor y tampoco quiero tenerlo. Solo quiero que le imputen los cargos y que inice el proceso. Vecinos del sector coinciden que este señor es agresivo constantemente y creo que no debería seguir por ahí golpeando mujeres.

A raíz de la publicación de su denuncia, ¿otras mujeres acosadas han reaccionado a su publicación?

Sí, me han llegado muchos comentarios y mensajes directos. Me impresiona que la mayoría de las mujeres cuenta que han sido violentadas sobre todo en sus relaciones interpersonales, por sus parejas y en el hogar. Se supone que deberíamos estar a salvo también en nuestras casas. Es muy lamentable conocer esas historias. En medio de todo, el apoyo que he recibido ha reconfortante y mucha gente me ha ayudado sin remuneración económica. He tenido el respaldo de la Fundación Feminicidios, de la Secretaría de la Mujer y de mi propia universidad, entre otras personas.

Muchos medios de comunicación titularon que usted había sido agredida “por no aceptar un piropo” y no hablaron de acoso sexual. ¿Qué sintió al ver esos titulares?

Decepción. Sentí que me usaron y creo que fue bastante hipócrita, porque decían apoyarme para que denunciara mi agresión, pero buscaron titulares amarillistas minimizando lo que sufrí. Además, que solo estaban interesados en los hechos, en que contara una y otra vez lo que me había pasado, sin entender el fenómeno y hablar de lo violento que es el acoso. Hice el reclamo, ante el defensor del televidente, para que esos titulares no me revictimicen. Igual resalto también la labor de otros medios de comunicación que sí han ayudado a visibilizar el problema del machismo.

¿Por qué es tan importante hablar de acoso sexual y no de “piropo”?

El piropo sucede entre conocidos o en nuestras relaciones interpersonales. El acoso sexual en la calle es violento, no quiero que comenten sobre mi cuerpo. Este señor José, de 70 años, que tuvo toda la vida para formarse y respetar la vida de las mujeres, junto a su amigo, me acosó a mí y a mi amiga. Fueron 11 minutos de acoso, no de piropos, en los que nos miraban y decían cosas obscenas. Yo le respondí con respeto y le pedí que parara, y reaccionó reventándome una botella en la cara. No sé qué más necesitan para saber que es acoso y no un piropo.

¿Cómo definiría lo que significa el espacio público para las mujeres?

Lastimosamente el espacio público no es seguro para nosotras las mujeres, somos vulnerables todo el tiempo. Desde que somos niñas nos acosan en el espacio público, los hombres nos dicen comentarios sobre nuestros cuerpos y nos miran. El machismo está en todos lados. Yo me siento acosada cinco días a la semana, y los otros dos no, por el simple hecho de que no salgo de mi casa. Y ese es un tema que más allá de la educación y de un cambio cultural. Hace poco, subí a un taxi sola y el taxista comenzó a proponerme que nos fuéramos a un sitio los dos. Tuve que simular que llamaba a mi mamá avisándole que el taxista me iba a hacer algo y que no me quería dejar salir del carro. Solo ahí el conductor frenó y pude salir.

¿Cómo está su amiga que la acompañaba el día de la agresión?

Mi amiga está bien, no quiero exponerla a lo que yo me he sometido. Ella también sufrió acoso. Después de que mi agresor me atacó, su compañero también persiguió a mi amiga por la calle con una botella diciéndole que la iba a matar.

Penalizar el acoso callejero en Colombia siempre es una idea que va y vuelve. Su caso puso de nuevo el tema desde el Congreso. ¿Está a favor de penalizarlo?

Sí, yo creo que hay que penalizarlo. Y Colombia no sería el único país en hacerlo, hay muchos otros países subdesarollados que lo han hecho. No podemos seguir normalizando que nos acosen en la calle y que no pase nada al respecto.

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