Todos los presidentes españoles han utilizado alguna vez vuelos oficiales para actos que no encajan en su faceta presidencial, pero ninguno lo hizo tantas veces ni con tanto descaro como el actual. Y es que
Pedro Sánchez abusa del avión Falcon o del helicóptero Super Puma del Ejército
no sólo para acudir a actos partidistas, como congresos regionales y mítines electorales del PSOE, sino también a citas estrictamente personales, como irse de concierto con su mujer o a la boda de su cuñado.

Esta polémica surgió hace más de una década, cuando Zapatero empezó a utilizar estas aeronaves de forma recurrente para acudir a actos partidistas. Ya en la campaña de las elecciones europeas de 2009 usó el Falcon para

 ir a mítines del PSOE en Dos Hermanas (Sevilla) o Langreo (Asturias). Y lo siguió haciendo para las autonómicas y municipales de 2011, cuando viajó en el mismo avión para acudir a actos electorales en Valencia o la localidad asturiana de Lugones.

El PP, entonces en la oposición, dedicó duras críticas a Zapatero, hasta el punto de que su entonces vicepresidenta, Teresa Fernández de la Vega, intentó aplacar la polémica anunciando que regularía el uso de estos transportes oficiales. El Tribunal de Cuentas instó a ese Gobierno socialista en 2010 a que delimitara en qué casos el presidente o los ministros pueden usar esos medios. Nada más se supo de ambas iniciativas.

El siguiente Gobierno, ya con Rajoy al frente, pasó de acusador a señalado cuando trascendió que el presidente popular acudió en Falcon al cierre de las elecciones gallegas de 2012 a la vuelta de una cumbre europea. Bien es cierto que lo hizo retornando de un viaje oficial, por lo que al menos la mitad de ese vuelo no era sólo partidista.

Rajoy también recibió críticas en 2014 por ir en este avión oficial a una cumbre de los populares europeos en Dublín (Irlanda), a la que viajaba como presidente del PP y no de España, aunque también es verdad que en esas citas se celebran reuniones con otros jefes de Gobierno de la Unión Europea, lo que difumina la línea que separa lo oficial de lo partidista en estos casos.

Con todo, ningún presidente se ha subido y bajado del Falcon y del Super Puma tanto como Sánchez. Sólo en la campaña de las elecciones generales de abril de 2019, recurrió al avión militar para presentarse en hasta siete mítines de su partido, desde Huelva a Gijón, pasando por Málaga, Granada, Salamanca, León o San Sebastián. En la repetición electoral de noviembre, con una campaña mucho más breve, se apuntó otros dos en Cáceres y Vigo. En poco más de medio año, hasta nueve vuelos oficiales para ir o volver de otros tantos actos de su partido.

La coartada institucional

Y siempre lo disimula con la misma coartada: improvisar algo de apariencia institucional para justificar el viaje privado en Falcon. Cuando lo usó para ir al concierto de Benicássim, dijo que también había mantenido un encuentro con el presidente valenciano, su compañero Ximo Puig. Fue un paseo tan breve e informal que no hizo más que evidenciar que el único motivo real de ese viaje fue ir a ese concierto con su mujer.

Lo de improvisar algún acto institucional como señuelo para justificar viajes que en realidad son de partido es un práctica que han empleado otros presidentes. Rajoy y sobre todo Zapatero lo hicieron en sus lugares de origen para aprovechar después y pasar algún día o fin de semana en Galicia y León, respectivamente. El actual presidente ha convertido esa artimaña en un hábito, a pesar de que es madrileño y vive en Madrid, por lo que recurre a ella para citas con su partido y su familia en otros puntos de España.

Sánchez no es el primer presidente que usa esos aviones y helicópteros para viajes partidistas. Tan cierto como que abusa de ellos más que todos sus predecesores juntos y que es el único que los ha disfrutado en viajes particulares y personales.

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